LOS PERROS PUEDEN DETECTAR EL CÁNCER DE INTESTINO A TRAVÉS DEL OLOR

Un estudio demuestra como estos animales perciben incluso las fases más tempranas de la enfermedad oliendo el aliento y muestras de heces de los pacientes.

A través de los olores desprendidos del aliento y de muestras de heces, los perros son capaces de detectar, con un alto grado de precisión, el cáncer de intestino. Los resultados de un estudio, publicados esta semana en la edición online de la revista Gut, muestran como estos animales perciben incluso las fases más tempranas de la enfermedad por el olfato.
“Existen olores específicos y discernibles que emanan de las células cancerosas que circulan por el organismo”, explican los autores de este nuevo estudio, liderado por investigadores de la Universidad de Kyushu, Japón. “Investigaciones anteriores señalan que los perros son capaces de oler y detectar cánceres de vejiga, de piel, de pulmón, de mama y de ovarios”, añaden.
Los científicos sugieren que los compuestos químicos de ciertas variedades específicas de cáncer circulan por todo el organismo, lo que abre una posible vía al desarrollo y diseño de pruebas para diagnosticar la enfermedad antes de que tenga la oportunidad de propagarse a otras regiones del cuerpo.
Los resultados muestran como un Labrador Retriever sometido a un entrenamiento especial realizó 74 pruebas olfativas procedentes de 48 individuos con diagnóstico confirmado de cáncer de intestino y de 258 voluntarios sanos o que habían sufrido cáncer anteriormente. El can logró identificar correctamente qué muestras eran cancerosas y cuáles no en 33 de las 36 muestras de aliento y en 37 de las 38 muestras de heces.
Más aciertos en fase temprana de la enfermedad
El mayor índice de aciertos corresponde a las muestras procedentes de pacientes con de cáncer en fase temprana de desarrollo, lo que equivale a una precisión media del 95% para las pruebas realizadas sobre muestras de aliento y del 98% para las pruebas con muestras de heces, en comparación con la colonoscopia convencional.
Casi la mitad de las muestras de voluntarios procedían de personas con pólipos intestinales que, aunque benignos, se consideran precursores del cáncer de intestino. Además, el 6% de las muestras de aliento y una de cada diez de las muestras de heces de este grupo provenían de individuos con otros trastornos intestinales, como la enfermedad inflamatoria intestinal, úlceras, diverticulitis y apendicitis.
Las muestras afectadas por el cáncer de intestino procedían de pacientes con diversas fases de evolución de la enfermedad, incluido el estadio más temprano. Las muestras correspondientes a fumadores o individuos aquejados de otros trastornos intestinales, que supuestamente podrían enmascarar o interferir con otros olores, no supusieron ninguna dificultad para el animal.
Los autores admiten que aunque “probablemente no resulte práctico y sí muy costoso emplear perros para la detección del cáncer, cabría la posibilidad de desarrollar sensores que detecten los compuestos específicos”.
El análisis de la sangre oculta en las heces es un método eficaz y no invasivo de cribado para la detección del cáncer de intestino, pero solamente puede identificar la enfermedad en su fase temprana de desarrollo en uno de cada diez casos. “La detección y el tratamiento tempranos son fundamentales para lograr un tratamiento con éxito del cáncer y son excelentes medios para reducir los costes económicos y de mortalidad”, concluyen.
Gut (2011); doi:10.1136/gut.2010.218305
(Fuente: jano.es)
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